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13/03/2020

Tabú | De anhelos y realidades

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Andrés Rieznik

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The Negra

¿Cómo influyen los genes en nuestros comportamientos y en nuestra personalidad? ¿Estamos teniendo las conversaciones relevantes sobre los desafíos que implican estos conocimientos?

Tabú: del polinesio ‘lo prohibido’. “Condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito mencionar”, dice la RAE. En algún punto, el concepto nos suena lejano. Al fin y al cabo, solemos sentir que vivimos en sociedades en las que podemos hablar libremente sobre lo que se nos ocurra y dialogar acerca de lo que queramos. Discusión aparte sobre qué es y qué no es ser libres, afortunadamente, esto tiende a ser cierto.

Es cierto que hay temas sobre los que, en general, preferimos no conversar. No porque sean tabú, sino más bien porque a esta altura nos resultan ridículos: ya hemos llegado a consensos muy positivos y nos ahorra tener conversaciones sobre, por ejemplo, si deberíamos permitir la esclavitud.

Pero hay otros asuntos sobre los que no hablamos, algo que nos ocurre cuando confundimos deseos con verdades, anhelos con realidades, cuando no podemos distinguir el mundo como queremos que sea del mundo como es. En particular, cuando el Universo nos muestra que es (y que somos) de maneras que a veces nos incomodan, nos sensibilizan, nos preocupan o nos asustan. Comprensiblemente, nos cerramos a estos asuntos, los rechazamos, los combatimos los convertimos en tabú y los barremos debajo de la alfombra que guarda todo aquello sobre lo que preferimos no conversar.

No es que estemos forzados a hablar sobre absolutamente todos los asuntos. Ninguna persona o sociedad está en principio obligada a hacerlo. Todos ignoramos, pasiva o activamente, infinidad de cuestiones. Pero ¿qué hacemos con los desafíos que, como personas, como sociedad y como humanidad, indefectiblemente requieren de nuestra atención?

Al aceptar o no las ideas que aparecen en el espacio de nuestra conciencia individual y social acerca de cómo es y cómo querríamos que sea el Universo, elegimos con cuáles nos queremos quedar y con cuáles no, según cómo nos gustaría que sea la realidad futura. Pero para lograr esa realidad futura y deseada, primero debemos partir de la mejor descripción posible de la realidad actual. Es decir, de la mejor evidencia disponible sobre el mundo. Y para eso, necesitamos tener conversaciones; incluso, algunas veces, sobre temas que consideramos tabú.

Esta es la primera entrega de un nuevo proyecto que se convertirá en libro en unos pocos meses pero que, sospechamos, tomará muchas otras formas. A través de Tabú, de la pluma de Andrés Rieznik (neurocientífico, investigador, profesor y comunicador) intentaremos conversar acerca de un amplio espectro de temas que van desde los modernos descubrimientos de la biología del comportamiento humano a la investigación con gemelos separados al nacer o la fecundación in vitro, pasando por las aplicaciones de la neurobiología en educación y salud mental y las mediciones de rasgos de personalidad, la neurociencia y la genética del comportamiento. Sabemos que muchos de estos asuntos son difíciles, ásperos y pueden despertar temores y preocupaciones. Precisamente por eso, creemos que la mejor forma de navegar estos desafíos es sacando algunos conocimientos e ideas a la luz, para abordar problemas sobre los cuales, más temprano que tarde, dejará de ser opcional que conversemos.

Nos interesa mucho la participación de quienes se encuentran por primera vez con algunos de estos conceptos y puedan tener dudas, desconfianza o preocupación. También de toda persona que, por profesión o afición, esté familiarizada con estos conocimientos y pueda aportar datos, investigaciones, actualizaciones, correcciones o cualquier información que crea que pueda ampliar o mejorar estas ideas. Queremos que nos ayuden a establecer conversaciones que nos permitan transitar algunos de los desafíos que, creemos, enfrentaremos como humanidad en los próximos años. Allá vamos.

 

La abuela de New Jersey

Las personas difieren en su comportamiento, y algunas de estas diferencias individuales persisten en el tiempo. Algunas son más respetuosas de la ley, o menos confiadas, o más amigables, o se enojan más fácilmente. Los psicólogos atribuyen estas diferencias entre individuos, y su consistencia en el tiempo, a diferencias de personalidad.

Judith Harris, No Two Alike

 

Judith Harris fue una psicóloga norteamericana nacida en 1938. Abandonó la academia en 1960, a los 22 años, luego de que el Departamento de Psicología de Harvard declinara aceptarla en su programa de doctorado. Dedicó su vida entonces a la escritura de libros de texto educativos, sin nunca abandonar su curiosidad y sus investigaciones sobre la psicología del desarrollo. En 1995 decidió organizar sus ideas y enviar un artículo a una de las revistas científicas más importantes de la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), la Psychological Review. A pesar de estar retirada de la academia hacía tres décadas, a pesar de no pertenecer a ningún grupo de investigación, a pesar de tener casi 60 años y nunca antes haber publicado nada al respecto, su artículo no sólo fue aceptado sino que además recibió el premio George Miller de la APA, reconocimiento que entrega anualmente la asociación al artículo más sobresaliente del año de entre los miles publicados. Judith Harris empezó a ser llamada cariñosamente “la abuela de New Jersey”.

El nombre del premio (George Miller) era en homenaje a un eminente psicólogo cognitivo. Cuando Judith subió a recibir el premio y dar una conferencia sobre su artículo, comenzó leyendo la carta que había recibido en 1960 cuando la rechazaron de Harvard. El remate llegó cuando leyó quién la firmaba: el director del departamento, George Miller.

Debo reconocer mi debilidad por Judith Harris. Esta historia es, para mí, sólo la punta del iceberg de su extraordinaria vida. Sus dos libros, El Mito de la Educación y No Hay Dos Iguales, la transformaron en mi escritora favorita a la hora de pensar sobre conceptos espinosos. Aunque estoy lejos de coincidir con todas sus ideas, siempre punzantes, el debate era su especialidad y lamenté profundamente su muerte en 2019. De hecho, fue a través de esos dos libros que me fasciné por los estudios con gemelos separados al nacer.

¡Estás igual!

Es difícil no advertir que quienes integran una misma familia tienden a asemejarse entre sí. Esto puede deberse a que habitan o habitaron ambientes similares o a que comparten genes, y no siempre es fácil distinguir estos dos efectos en este contexto, cuando decimos que comparten genes, en realidad queremos decir que comparten las mismas variantes de sus genes (lo que llamamos alelos); y hablamos de ambiente para referirnos a todo aquello que no es ADN (desde el interior celular hasta la educación o la cultura). Pero contamos con una herramienta muy útil para diferenciar genes de ambientes: el estudio de gemelos separados al nacer.

Los gemelos tienen las mismas variantes para todos sus genes (es decir, los mismos alelos). Esto resulta en la simpática similaridad física que todo el mundo conoce y reconoce, y no nos sorprende que este parecido exista incluso en los casos de gemelos separados al nacer. Ahora bien, ¿qué pasa cuando estudiamos otro tipo de rasgos no físicos, como son los cognitivos (la memoria o la facilidad para la matemática o el lenguaje, por ejemplo) o de personalidad (cuán impulsiva, extrovertida o neurótica es una persona, por ejemplo)? Dos gemelos separados al nacer son, en promedio, más parecidos entre sí que dos personas cualquiera tomadas al azar, incluso cuando lo que comparamos son comportamientos humanos complejos. Esto es lo que muestran las investigaciones con este tipo de hermanos: la influencia de los genes, no sólo en nuestras características físicas, sino también en rasgos cognitivos, de personalidad e incluso en nuestra susceptibilidad a condiciones como la esquizofrenia, el autismo, la psicosis, la obesidad o la depresión. 

En 1981 existían apenas tres investigaciones con gemelos separados al nacer: un estudio norteamericano de 1937 estudiando 19 pares de gemelos, un estudio británico de 1962, con 44 pares, y un estudio danés de 1969, liderado por el psiquiatra Juel Nielsen, con 12 pares. En una entrevista de 1981, Nielsen se preguntaba en qué sentido los gemelos separados al nacer eran sorprendentemente similares. Y se respondía: 

(…) en la forma en que caminaban, en que reían, en que conversaban; todas estas particularidades, gestos, formas de hablar eran sorprendentemente similares. Si hablaba por teléfono con uno, fácilmente lo confundía con el otro”. 

En lo personal, siempre creí que los hijos caminamos de forma parecida a nuestros padres simplemente porque los imitamos. Al parecer no es tan así. Y, en lo que respecta a rasgos de personalidad, cognitivos o psiquiátricos, los gemelos separados al nacer, como ya dijimos, son más parecidos entre sí, en promedio, que dos personas al azar. Pero, momento ¿cómo podemos establecer, más allá de las características físicas, cuánto se parecen entre sí las personas? ¿Es siquiera posible?

Humanidades

Cuando medimos características físicas como peso o altura, sabemos bien a qué nos referimos y cómo se cuantifican. Pero cuando hablamos de personalidades o cogniciones, ¿cómo se miden? De muchas formas: usando desde cuestionarios hasta reportes de otros sobre la persona, pasando por la observación objetiva del comportamiento, tests cognitivos y medidas en laboratorio (por ejemplo, es fácil evaluar impulsividad o memoria con un simple juego en la computadora). Independientemente del poder predictivo de estos tests sobre el comportamiento futuro de las personas asunto de gran debate incluso entre especialistas en estos temas, lo impactante, en este contexto, es su heredabilidad. Más allá de que podamos discutir qué mide exactamente el test de neuroticismo o el de coeficiente intelectual, el hecho de que, por ejemplo, lo responden (en promedio) con mayor similitud hijos y padres biológicos, aunque esos hijos hayan sido adoptados por otros desde el nacimiento, sugiere que existe algo que el test mide, que quizás no sabemos exactamente qué es, pero que, en algún grado, es heredado a través de los genes. 

También en 1981, Thomas J. Bouchard, director de investigación de un estudio a gran escala en Minnesota (EE.UU.) con centenas de gemelos separados al nacer, decía: 

“Siempre pensé que los test eran interesantes, útiles y una contribución valorable a la psicología, pero siempre fui cauteloso. Sentía que existía un gran margen de error, mayor al deseable. Pero ahora hemos estudiado 21 pares de gemelos separados al nacer y en un buen número de casos tienen un perfil virtualmente idéntico de acuerdo a algunos de nuestros test psicológicos. Esta evidencia me ha convencido de que nuestros tests en muchos casos son mejores de lo que creíamos que eran. De hecho, no se me ocurre ninguna evidencia más convincente que ver dos gemelos criados de forma separada desde el nacimiento llegar al laboratorio, hacer un test y obtener resultados muy similares. ¡Es muy llamativo!”.    

La sorprendente similitud de comportamientos y personalidades entre gemelos separados al nacer, sumado al cuerpo de conocimiento cada vez mayor en genética, es una fuerte evidencia que apoya la hipótesis de que los genes influyen en estos rasgos. Podemos encontrar explicaciones alternativas o complementarias a la genética para dar cuenta del parecido de gemelos separados al nacer: por ejemplo, el hecho de que compartieron un mismo ambiente intrauterino e, incluso, un mismo ambiente intracelular en la concepción. La influencia de estos factores debe estudiarse caso a caso. De todas maneras, como veremos a lo largo del libro que estamos construyendo, salvo excepciones o casos extremos o particulares, el papel del material genético es predominante a la hora de explicar estas semejanzas en gemelos separados al nacer.

Veamos ahora la otra cara de la moneda: lo increíblemente diferentes que podemos ser a pesar de tener los mismos genes y hasta la misma educación.

En las antípodas

Laleh y Ladan Bijani eran dos hermanas gemelas nacidas en Irán en 1974. Eran, además, siamesas: estaban unidas por la cabeza, de costado, de forma que miraban para el mismo lado y podían sentarse. Eso les permitió tener una vida un poco más “normal” y graduarse, ambas, en abogacía. El 8 de Julio de 2003, a los 29 años, decidieron someterse a una cirugía de alto riesgo para separarse. Los médicos les habían avisado que había sólo un 50% de chances de sobrevivir a la operación. Aun así, asumieron el riego. No sobrevivieron. Fueron enterradas cada una en su tumba, separadas como nunca lo estuvieron en vida.

A pesar de tener los mismos genes y ambientes de desarrollo muy parecidos, mucho más que gemelos no siameses (no tenían otra opción), Laleh y Ladan tenían deseos, pensamientos y proyectos de vida muy diferentes. Ladan explicó a los periodistas antes de la cirugía: “Somos dos individuos completamente separados, obligadas a estar pegadas a la otra. (…) Tenemos diferentes visiones del mundo, tenemos diferentes estilos de vida, pensamos muy distinto sobre muchos asuntos”. Laleh quería mudarse a Tehran y ser periodista. Ladan planeaba quedarse en su pueblo natal, Shiraz, y ejercer como abogada. Ladan era la más extrovertida de las dos, descripta por un amigo como “muy amigable, siempre le gustaba bromear”. 

Historias como la historia de Laleh y Ladan y las de gemelos separados al nacer ilustran que ninguna de las visiones extremas sobre el papel de los genes puede ser cierta: las evidencias indican que su influencia no es nula, pero tampoco determinante. Existe una influencia y debe ser estudiada caso a caso. Para cada rasgo, ya sea fisiológico, de personalidad, psiquiátrico o cognitivo, no podemos asumir nada a priori, sino que necesitamos entender qué nos dicen los datos. Esto es lo que investiga justamente la llamada genética del comportamiento: la ciencia que estudia en qué medida las variaciones en nuestros rasgos, en nuestra personalidad, en nuestras facilidades y dificultades para diferentes tareas, se deben a variaciones en nuestros genes o a variaciones en nuestros ambientes −sabiendo que ‘ambiente’ incluye el contexto (tanto biológico como cultural y social) en el somos concebidos, criados y educados, y en qué entornos nos desarrollamos luego a lo largo de la vida−. 

Esos nuevos métodos modernos

El abaratamiento exponencial en el precio de la lectura del genoma está revolucionando la genética del comportamiento. Gracias a esto, hoy podemos ver qué alelos de qué genes correlacionan con qué rasgos en una población determinada. Los alelos son diferentes versiones de un gen. Los genes que codifican el color de ojos, por ejemplo, tienen diferentes alelos para los diferentes colores. Hoy en día, leyendo el genoma de miles o millones de personas, podemos saber qué genes tienen un alelo más comúnmente encontrado en personas, por ejemplo, de mayor nivel educativo. No quiere decir que si una persona tiene uno de esos alelos tendrá mayor nivel educativo sí o sí, ya que hablamos de probabilidades, no de certezas. La correlación entre un dado alelo de un gen y un mayor o  menor nivel educativo (es decir, el hecho de que un alelo particular sea más comúnmente encontrado en personas de mayor o menor nivel educativo) debe ser cuidadosamente analizada para entender su causa y no confundir correlación con causalidad

Por ejemplo, si un alelo relacionado al color de piel está más presente en poblaciones de afrodescendientes (quienes fueron históricamente oprimidos), es probable que cuando observemos qué alelos están más presentes en poblaciones con un menor nivel educativo, encontremos ese alelo por la simple razón social e histórica de que los afrodescendientes, por estar en mayor situación de vulnerabilidad incluso hasta estos días, tienen menor nivel educativo promedio. Es decir, encontrar una correlación entre un alelo y determinado rasgo complejo, como el nivel educativo, no debe de ninguna forma considerarse como prueba de la relación causal de ese alelo con ese rasgo. Debemos ser muy cautos en el análisis.

Ahora bien, controlando que los alelos que correlacionan con determinado rasgo no estén más presentes en algunos subgrupos que en otros y siendo cuidadosos en el análisis, podemos crear lo que se denomina puntaje poligénico para diversos rasgos de comportamientos complejos. Es un puntaje que es mayor en una persona que tenga más alelos que correlacionan con el comportamiento estudiado. Por ejemplo, supongamos que se estudia un rasgo de personalidad como la extroversión. Puede que encontremos diferentes genes que tienen alguna variante que correlaciona con ese rasgo. Puede ser que cada una de estas variantes aumente en un 0,1% la probabilidad de ser extrovertido. Si una persona tiene muchos de esos alelos, tendrá un puntaje poligénico para la extroversión mayor al de una persona con pocos de esos alelos. 

Vayamos a un ejemplo que ha dado mucho que hablar recientemente, el del puntaje poligénico para el nivel educativo en poblaciones europeas.

Un artículo reciente de la revista Nature Genetics analizó variaciones genéticas en aproximadamente 1.100.000 personas descendientes de europeos y encontró 1271 alelos que correlacionaron con haber llegado o no a la universidad. Cada uno de estos alelos estaba apenas un poquito más presente en personas que fueron a la universidad, pero lo cierto es que había un montón de estos alelos. En diferentes poblaciones, el 20% más “suertudo” genéticamente en este aspecto (quienes tenían mayor cantidad de alelos que correlacionan con haber ido a la universidad) tenía 50% de chances de haber ido a la universidad. El 20% menos “suertudo”, 10%. Esta diferencia es enorme: significa que el quinto de la población más genéticamente “suertudo” tenía 5 veces más chances de haber ido a la universidad que el quinto menos “suertudo”. Lo que aprendemos de esto es que un gen solo puede no hacer mucho, pero pequeñas variaciones en muchos genes pueden sinergizar y provocar un gran cambio en el rasgo influenciado por ese conjunto de genes. 

Identificando los alelos que correlacionan con cierto comportamiento en una población podemos calcular cuánto de la variación total del comportamiento en esa población puede ser explicada por los diferentes puntajes poligénicos de las diferentes personas, lo que constituye el método moderno para estimar el componente genético de un rasgo (que, siempre es bueno recordar, es medido en un momento del tiempo pero puede variar, no es un número fijo e inamovible). ¿Y dónde se expresan (se “activan”) estos genes descubiertos que correlacionan con llegar o no a la universidad? La gran mayoría en la corteza cerebral y el hipocampo, un área del cerebro asociada, entre otras cosas, a la memoria. Esto nos permite empezar a trazar el puente entre la genética y el comportamiento.

El abaratamiento en la lectura de nuestro genoma permite identificar genes específicos que correlacionan con comportamientos específicos. En los próximos años habrá una avalancha de estudios relacionando genes a comportamientos, personalidades, habilidades y trastornos. Comprendiendo cómo influyen los genes, y en qué medida esa influencia está mediada por la sociedad, la cultura y el resto del ambiente, estaremos mejor preparados para llevar estas posibilidades hacia los horizontes que deseemos como humanidad, y nos alejemos de las alternativas no deseadas. Porque este tipo de conocimientos pueden caer bien o mal, simpáticos o antipáticos. Pero el mundo es como es y no como queremos que sea. La tarea en todo caso es, conociendo cómo funciona, transformarlo para que, más allá de las diferencias entre nosotros, todos podamos tener las mismas oportunidades y la posibilidad y ayuda para mejorar en aquellas características que más nos interesan o que más nos cuestan. 

La creación de los puntajes poligénicos es un salto importantísimo en relación a los métodos clásicos para estimar la heredabilidad de un rasgo. En palabras del investigador inglés Richard Plomin: 

“Antes del aparecimiento de los puntajes poligénicos, las investigaciones mostraban que la heredabilidad en rasgos psicológicos es sustancial y ubicua, pero esta era una afirmación general que no podía trasladarse a predicciones genéticas para individuos. Ahora, los puntajes poligénicos están transformando la psicología clínica y la investigación en psicología porque las diferencias en el ADN a lo largo del genoma pueden ser utilizadas para predecir [en términos de probabilidades] los rasgos psicológicos para todos y cada uno de nosotros”.

(Una aclaración sobre esa cita. Es del libro Blueprint, del 2018. Su autor, Richard Plomin es, en muchos ámbitos, una leyenda. Durante más de 40 años ha estado al frente de las investigaciones en genética del comportamiento. También muchos le recriminan que, a pesar de la rigurosidad de sus artículos científicos, sus escritos de divulgación dan constantemente lugar a malos entendidos y desinformación. En esta cita, por ejemplo, tuvimos que agregar entre corchetes que las predicciones se dan en términos de probabilidades, para no dar a entender que a través de los genes podemos directamente determinar los rasgos de una persona. Para una crítica exhaustiva sobre cómo su libro Blueprint da lugar a varias confusiones, puede verse este artículo del psicólogo norteamericano Scott Barry Kaufman, cuyo podcast también recomendamos).  

Mejor hablar de ciertas cosas

La gran cantidad de estudios sobre genética del comportamiento humano en los últimos años, que sigue creciendo a pasos acelerados, nos permite hacer algunas generalizaciones. En primer lugar, en el comportamiento humano no existe un único alelo que determine un comportamiento. Pero sí existen en muchos casos, y esta es la segunda generalización, muchos genes que correlacionan con algún comportamiento (o rasgo de personalidad, cognición o trastorno), en el sentido de que al menos uno de los alelos del gen correlaciona con algún comportamiento. Cada alelo tiene un efecto pequeño en el rasgo, pero si identificamos muchos alelos que correlacionan con ese rasgo, podemos crear un puntaje poligénico y así identificar a aquellas personas a las que les tocaron más o menos de los alelos que correlacionan, por ejemplo, con mayor probabilidad de desarrollar algún tipo de cáncer o haber ido a la universidad. Sin embargo, y esta tercera generalización es muy importante de destacar, en diferentes poblaciones, provenientes de ancestros distintos, o de edades diferentes, o nivel social diferente, o de géneros diferentes, los genes y alelos que influyen sobre un rasgo cambian. Esto, de hecho, es un área de investigación muy en boga: la transportabilidad de los puntajes poligénicos entre poblaciones.

El surgimiento de los puntajes poligénicos y de las tecnologías para la lectura del ADN de, por ejemplo, embriones de óvulos fertilizados in vitro, plantea una variedad de dilemas morales importantes y hasta urgentes. Muchas preguntas complejas surgen y muchas otras aparecerán a medida que avancemos sobre estos conocimientos. ¿Vamos a permitir, por ejemplo, usar el puntaje poligénico de diferentes embriones desarrollados a partir de la fecundación asistida para elegir al que supuestamente tiene más chances de llegar a la universidad? ¿O al que supuestamente tiene más chances de ser crack en el fútbol? Si un país no lo permite pero el país vecino sí, ¿qué hacemos? ¿Estamos teniendo las conversaciones necesarias sobre estos asuntos? O, peor, ¿nos estamos ocupando de prepararnos cultural, tecnológica, científica y moralmente para navegar estos y otros desafíos inminentes?   

 

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Este texto es parte de un proyecto actualmente en desarrollo. Como todo Proceso Abierto, su objetivo es cocrear en Comunidad. Para eso, vamos a estar compartiendo textos preliminares con el objetivo de que los conozcan, comenten y desmenucen, y que gracias a esos intercambios el producto crezca y mejore. Contanos por favor qué pensas, lo que sentiste leyendo el capitulo, y lo que esperás encontrar en los próximos.

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Andrés Rieznik

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Físico devenido en neurocientífico. Investigo sobre aprendizaje, educación y cognición. Enseño sobre comportamiento humano. Me gusta la magia y la comunicación y, por alguna extraña razón, recibí un Martín Fierro.

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The Negra

En esta nota se anda diciendo...

esteban demaestri

esteban demaestri

25/03/2020

Acerca del tema de la conducta similar en gemelos separados al nacer y el caso de las siamesas iraníes, se me ocurre que podría explorarse un poco por la tangente psicológica del porqué del caso. No soy un estudioso de estas ciencias pero me imagino que puede haber una conducta de tendencia a la diferenciación cuando tu otre está constantemente en comparación inmediata. O sea, me imagino que el hecho de encontrarse en constante comparación (dado que el proceso de crecimiento de las iraníes era obligatoriamente así), puede haber provocado la actitud no consciente de reforzar aquellas cosas que las diferenciaban, provocando que sus conductas se percibieran bien distintas. Por el contrario, cuando se trata de separados al nacer, es probable que se refuercen esos aspectos que comparten genéticamente ya que cognitivamente pueden ser aspectos muy fuertes de la personalidad, sin que aparezca la necesidad de diferenciarse sino más bien lo contrario: se refuerzan aspectos propios de su genialogía supongo que por una cuestión cognitiva de traslado de estos aspectos.Lo pensaría como el ejemplo de comportamiento cultural, cuando estamos en un grupo homogéneo de alguna forma intentamos diferenciarnos, y esas diferencias son las más notorias o inflexibles. En cambio cuando nos alejamos de nuestro grupo de origen, en ámbitos ajenos solemos reforzar aquellos aspectos que denotan “pertenencia” al grupo de origen. Todo esto que comento es una idea que podría explicar de algún modo este ejemplo opuesto a lo que genéticamente se estaba viendo. Revisando que tal vez la circunstancia y nuestros “modos” de reacción cognitiva también moldean lo que genéticamente arrastramos, pero sobretodo que podría explicar que de todos modos el punto de partida es el que está investigándose (y poniendo en evidencia) en la ciencia genética.
Capaz todo esto no tenga nada que ver, o capaz sirva para explorarlo con algún profesional en psicología. En fin, me pareció que podría ser útil el comentario, aunque vale avisar que viene de alguien que leerá el libro desde un lugar outsider (público de a pie digamos), y poray no tenga sentido.

Por otro lado les dejo un par de pavadas de otra índole que encontré:
En el párrafo: “sabiendo que ‘ambiente’ incluye el contexto (tanto biológico como cultural y social) en el *****que***** somos concebidos, criados y educados, y en qué entornos nos desarrollamos luego a lo largo de la vida−.”  
(Faltó el “que”)

y en el párrafo:
“Un artículo reciente de la revista Nature Genetics analizó variaciones genéticas en aproximadamente 1.100.000 personas descendientes de europeos y encontró 1271 alelos que correlacionaron con haber llegado o no a la universidad.”  
(En lugar de “reciente” pondría la fecha o el año, para que la referencia temporal no se pierda con el paso de los años y nos obligue a buscar el año de edición del libro)

Bueno, esas fueron mis notas. Les felicito por el proyecto, como siempre.
Saludos!!!

Martin Telechanski

Martin Telechanski

25/03/2020

Interesantisimo! Abrazos!

Mariana Rodríguez

Mariana Rodríguez

24/03/2020

Buenísima! Una humilde recomendación, estaría bueno tener la versión grabada de los artículos, que a veces son demasiado largos para meter en la rutina. Un beso grande!

Mario Servin

Mario Servin

23/03/2020

Muy buen artículo, interesante y polémico como todo tabú. De acuerdo con que es necesaria la discusión. Uno de los peligros a evitar obviamente son las trampas de la estadística por ejemplo. Hablando de eso, necesito que me aclaren algo: el estudio respecto a nivel educativo en poblaciones europeas. La aparición de los mismos grupos poligénicos en los que tienen altas probabilidades de acceder a la Universidad podría deberse al hecho de que provienen de la misma clase educada perpetuando dichos genes sumado a un mecanismo endogamico (casi natural) en dicho segmento poblacional? Creo que eso sesgaría los reultados y las conclusiones serían otras. No leí el estudio publicado en Nature Genetics obvio, solo estoy basándome en lo que se cuenta aquí. Estoy muy errado?

Fabri Fabri

Fabri Fabri

21/03/2020

Entiendo que titulen como tabú a la genética del comportamiento porque hay una tradición que viene desde las humanidades, que considera que hablar de genes, CI, variabilidad de “razas”, diferencias cognitivas varon-mujer, es ciencia nazi. Es mas o menos lo que retrata Pinker en la “tabla rasa”, acerca de la negativa de considerar a la humanidad como una especie animal moldeada por selección natural, con todo lo malo que ello conlleva (violencia, egoísmo, jerarquías, etc). Mas la psicología evolucionista ha podido dar explicaciones integradoras de varios fenómenos conductuales, anclandolo en mecanismos de supervivencia y adaptación, en los cuales la cultura (tan poderosa para los posmodernos) es solo un subsistema de protección ante el tiranico ambiente físico (con hambrunas, sequías, enfermedades -hola Covid19-). Obvio que no explica todos los aspectos de una actuación, pero es mas solida que meros argumentos basados en aleatoriedades.
Saludos

Lisandro Ansourian

Lisandro Ansourian

19/03/2020

Sería interesante que, si vamos a conversar sobre genética y queremos que el público no especializado sea parte de la conversación, poder hacer una especie de “intro” a la genética, cón explicaciones sobre lo que es el ADN, un gen, un alelo, y cómo transformamos un gen en una proteína.

Todo esto dicho con la esperanza de que la rigurosidad de ciertas palabras o conceptos no embarren el entendimiento en general de lo que se quiere comunicar.

Aparte de eso, excelente como siempre!

Gasti Salgado

Gasti Salgado

18/03/2020

La nota esta buenísima y el tema me resulta muy interesante. Parece que se viene otro libro increparle de El Gato y La Caja. Otro libro mas que me va a invitar a la introspección y replantearme un montón de cosas.
Una cosa que me parece muy interesante es pensar hasta donde estos factores, tanto genéticos como ambientales afectan las cosas que hacemos y decisiones que tomamos (que creo yo que es tanto que no tiene sentido hablar de que tenemos libre albedrío) y que implica esto en nuestra forma de culpar y/o castigar a personas por cosas que no tenían otra opción de hacer.

Mónica Olmos

Mónica Olmos

18/03/2020

Para aportar, cómo hago?.

Mónica Olmos

Mónica Olmos

18/03/2020

Es muuuy interesante. Con respecto a lo parecido sin imitación, conozco la historia de un nieto que no conoció a su abuelo y tenía gestos iguales al mover las fichas de ajedrez… También esto de ” genes o alelos para ir a la Universidad”. Allí cuento una experiencia muy cercana. Una niña bastante inteligente en la peimaria pero bastante pobre y sin apoyo familiar; nunca tuvo éxito en la facultad, pero era bastante inteligente y separada de los suyos. Finalmente nunca sentía pertenecer a ningún mundo. Desde mi perspectiva, a esa persona le faltó entiendo amigable para su potencial intelectual.

Sukhi Dillon

Sukhi Dillon

18/03/2020

Me gusta! Me interesa
No la leí completa

Lisandro Andrés Ramírez

Lisandro Andrés Ramírez

18/03/2020

¿Un proyecto de libro Open-Source y Open-Access? Si eso no es divulgación y ciencia ciudadana, diganme que si lo es.
Como dijeron más arriba los compañ[email protected] el aporte de la bioética sera fundamental para el desarrollo de este libro, como así tambien los interrogantes que puede aportar la filosofía de la moral.

Para los que esten interesados en el maravilloso mundo de la bioética, pero mal comprendido y poco divulgado, les dego el link de la RedBioética de la UNESCO para Latinoamérica y el Caribe: https://redbioetica.com.ar/
Por último, el artículo me recordo a la película “Gattaca: experimento genético” (Dir. Andrew Niccol, 1997)

Elias Ale

Elias Ale

18/03/2020

Excelente como siempre, lo espero con ansias

María Leticia Parra Silva

María Leticia Parra Silva

17/03/2020

Como todo lo que hacen: ¡EXCELENTE!

Julio Migno

Julio Migno

16/03/2020

Excelente la propuesta chiques. Siempre hablando de lo que es necesario y útil, muchas gracias!! Ojalá pudiera aportarles más que mi apoyo.

Nestor Flaster

Nestor Flaster

16/03/2020

Muy buena. La convergencia en el desarrollo de la genómica, las variantes de neurociencias, la AI y los modelos computacionales requieren de una divulgación apropiada que hasta el momento es fragmentaria y un tanto marketinera.
Coincidente con este anuncio estoy finalizando (luegode varios intentos fallidos) la srie Battlestar Galactica que habla de todo esto y que puede ser una interesante referencia

Federico Wickel

Federico Wickel

16/03/2020

Hola Andrés y equipo de El Gato y la Caja, me parece bárbara la propuesta del libro y lo espero con ansias.
Seguramente sesgado por mis intereses y trabajos creo, sería útil una mirada objetiva o analítica desde el campo de la Bioética. Entiendo, humildemente, que esta disciplina tiene mucho para ayudarnos a entender sobre los métodos y las formas en la que dirigimos los avances y estudios en la ciencia, especialmente los que repercuten directamente en el ser humano.
Comparto, apoyo e incentivo que el libro no se transforme en un manual o relato del cientificismo. Si, de la ciencia: es una de las cosas más (o la más) increíble que desarrolló el hombre.
Repito, con la mayor humildad, creo que esos dos comentarios sumarían a un libro que intuyo, va a ser interesantísimo leer y compartir. Siempre apoyo e incentivo todo aquello que nos haga cuestionar e interrogar nuestro sistema de creencias.
Un saludo afectuoso;

Guzmán Baiadera Luciano

Guzmán Baiadera Luciano

16/03/2020

Es muy bueno lo que están haciendo pero otra cosa tabú que no se dialoga es el sexo, es decir, ¿que herramientas utilizó para iniciar una charla? ¿Desde donde abordarlo? Las incógnitas son infinitas pero ese tema me parece que deberían añadirlos (no les quiero moldear la escritura de su libro, que no se malentienda).
Muchas gracias.